“Aprobar fue muy emocionante, no estoy acostumbrado a que me salgan las cosas a la primera”, Israel Doña alumno RITE.

A sus 55 años, Israel Doña no se imaginaba abriendo los libros y poniéndose a estudiar, pero la necesidad fue lo que le impulsó a sacarse el carné RITE. Como él mismo cuenta, no confiaba en aprobarlo a la primera, pero, gracias al apoyo que tenía en casa y a su propia determinación consiguió su habilitación profesional en julio.

Cuando vio la nota, no pudo evitar emocionarse. Tampoco quienes habían vivido el proceso junto a él. Ahora espera recibir su número de instalador para comenzar una nueva etapa profesional porque, como él mismo dice, ya le va saliendo faena.

Llevas muchos años trabajando en el sector de las instalaciones. ¿Qué te impulsó a sacarte el RITE ahora?

Siempre he hecho trabajos de fontanería y electricidad, pero necesitaba tener un carné oficial con el que poder trabajar como autónomo de manera profesional. Mi mujer tiene necesidades especiales y tengo que ayudarla, así que tener libertad sobre mi propio horario es la mejor manera.

¿Cómo fue enfrentarse al temario y a preparar un examen?

Al principio me veía muy justo. Los problemas con fórmulas me venían un poco grande porque nunca he estudiado. Lo demás, más o menos, con la experiencia que tengo, lo iba entendiendo. No ha sido todo nuevo, aunque pensaba que no iba a aprobar.

¿Qué te ayudó a seguir adelante en esos momentos?

Como puntuaban más cosas, tenía la esperanza de hacer el resto bien. Las clases también me ayudaron mucho, son muy completas. Pero, sobre todo, fue cuestión de necesidad. Decir: “O me lo aprendo o tengo que volver a empezar, y no me puedo permitir aplazarlo tres meses más”. Y, por supuesto, la gente de casa, que tenía más confianza en mí que yo. Al final saqué casi un 8.

¿Pudiste apoyarte también en tus compañeros de curso?

Sí, había alguno que estaba en mi situación, que lo de estudiar no era lo suyo. Y había otros que, solo con mirárselo, lo tenían, sobre todo los jóvenes. Entre la experiencia de los mayores y la capacidad de los chavales nos íbamos dando trucos. Todos hacen un sacrificio de tiempo y económico por estar ahí, y toda ayuda es buena.

¿Cómo fue el momento en el que supiste que habías aprobado?

Una mezcla de sorpresa y alegría. Sobre todo, por lo que significa suspender. Para mí iba a ser muy duro porque necesitaba volver a trabajar cuanto antes. Pero mucha alegría. No estoy acostumbrado a que me salgan las cosas a la primera.

¿Y quién fue la primera persona a la que se lo contaste?

Primero supe que había aprobado la parte práctica, que te la dicen al momento. La parte teórica la había hecho antes pero no miré el resultado para que no me condicionase. Solo pensaba que para la siguiente convocatoria ya sabría cómo aprobar. Al final me convencieron y, cuando vi que también estaba aprobada, fui a contárselo al coordinador, Albert, que estaba ahí. Fue muy emocionante, lloramos los dos. Luego llamé a mi mujer, que se puso muy contenta, aunque decía que ella tenía claro que lo sacaría.

¿Qué te ha demostrado esta experiencia sobre ti mismo?

Que con empeño y esfuerzo se pueden conseguir las cosas. Si alguien que está en mi situación se lo está pensando, le invitaría a intentar sacarse el carné si es algo que le gusta y de lo que quiere trabajar. Eso para mí ha sido vital: estudiar algo que me gustaba y me motivaba.

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